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un estudio sobre adán coprovich

palacadabras

el yo de viaje

Hacer como se dice, e incluso hacer sin decir: éste sería, sin duda, el lema de aquellos cuya única vocación intencional y directa es hacer, hacer transitivamente, pura y simplemente, y no mandar hacer. Porque, ¿qué es la palabra sino una acción secundaria, una acción con exposición o, mejor aún, como en el arte de persuadir de los oradores, una acción sobre la acción? El Decir es un Hacer atrofiado, abortado y un tanto degenerado: acción en retirada o apenas esbozada, la palabra es fácilmente farisea y actúa sólo indirectamente, salvo, por supuesto, en la poesía, donde el mismo decir es hacer. El poeta habla, pero sus palabras no son para decir, como las palabras del código civil, son palabras para sugerir o cautivar, palabras de hechizo. La poesía se lleva a cabo, inmediatamente, para crear el poema (...).

V. Jankélévitch, La música y lo inefable, Ed. Alpha Decay, Barcelona, 2005.

hilo hermético

hilo hermético

...y a mis compañeras hermosos cantos

cantaré yo ahora para alegrarlas...

Safo.

 

Hay dos Hermes en la Historia, ambos relacionados de algún modo, y ambos importantes y constantemente citados en la producción poética de Coprovich. Uno es referido por la mitología griega. Otro es el mítico autor del Corpus hermeticum. Hoy se sabe que el Corpus hermeticum data del siglo III, pero antiguamente se atribuía su autoría al mismísimo Hermes Trimegisto, el sabio africano contemporáneo del sabio Moisés en la corte de Akenatón (si no el mismo Moisés en su vertiente esotérica, tal y como defendía el gnosticismo judío, y Pico della Mirandola). Este sabio Hermes, se dice, fue el maestro de Orfeo (la música), el cual trasmitió sus enseñanzas a Pitágoras (el metro) y éste a Sócrates y Platón (el pensamiento). El texto fue rescatado en el Renacimiento, especialmente admirado por el neoplatonismo florentino, esa escuela de amigos poetas, músicos, pintores y filósofos que se reunían en la Academia de Careggi, y cuyo lema, bien plasmado en su puerta, rezaba:

A bono in bonum omnia diriguntur. Laetus in praesens neque census extimes, neque appetas dignitatem, fuge excessum, fuge negotia, laetus in praesens.[1]

Pico della Mirandola atestigua la impronta del Corpus en el manifiesto fundacional del Renacimiento: me refiero, por supuesto, a la Oración por la dignidad del hombre (1484) y que empieza así:

He leído en los antiguos escritos de los árabes, padres venerados, que Abdala el sarraceno interrogado acerca de cuál era a sus ojos el espectáculo más maravilloso en esta escena del mundo, había respondido que nada veía más espléndido que el hombre. Con esta afirmación coincide con aquella famosa de Hermes: “Gran milagro, oh Asclepio, es el hombre”.

Tenemos entonces un sabio antiguo cuyas enseñanzas se tridividían en música, metro (matemática) y pensamiento, su apodo de Trimegisto (“tres veces grande”) hacía, para Coprovich, justicia a estos tres brazos (musicalidad, medición e idea), y era la razón de que en el universo coprovichiano Hermes Trimegisto simbolizase la Poesía, además, por supuesto, de su carácter esotérico, mágico y “blindado” (“hermético” al modo que ya hemos explicado en otro sitio: no por oscuridad, sino por el requerimiento de iniciación que supone acceder a sus más recónditos secretos, como si de un criptex se tratara).

 

Pero la poesía, ya lo  hemos dicho, no sería nada sin el vínculo con el lector. Es el lector quien le da su cierre, su final de sentido. Por usar, ya que estamos, un término esotérico, la poesía sería para Coprovich un “ungüento de simpatía” [2]. La Poesía, por tanto, es inaprensible como un símbolo.

El poema, sin embargo, no puede dejar de tener una forma. No sólo eso, sino que el poema parte siempre de la carne, de la sensualidad, de la egoicidad, porque el poeta no puede escapar de sí o de su cuerpo, es decir, es tan persona como los demás. Pero de ahí se parte o se insinúa, se “orilla el límite” (Trías) o más allá. Ese es su objetivo y es capaz de ello, porque es tan persona como los demás. La poesía viene de la carne, sí, de la carne que se hace metafísica, como decía Quine: La ontología –cuando llega- es una generalización de la somatología.[3]  Es una cuestión de « sobrepasarse » a sí mismo y llegar a la otra cosa que no es ya uno, sino que está ahí (llámese Belleza, Verdad, Realidad, etcétera) eternamente, platónicamente. Un no-mundo visualizado de forma efímera, cuya llave es el poema. Y ese no-mundo es el objeto del poema (entendido « objeto » como tema y finalidad) :

 

Precisamente en una cuestión fundamental de filosofía del arte Goethe se opone a Schiller. Así, por ejemplo, en una carta del 19 de octubre de 1794, Goethe escribe a este último: “Cuando afirmas que hay incompatibilidad entre delimitación precisa y belleza, etc., es como si me hablaras por medio de enigmas.” Goethe se refiere aquí a la schilleriana concepción del “estado estético” como “simple indeterminación”, concepción que ya hemos visto, expresada con otros términos, en el “arte-juego”, en la “ironía”, en la “destrucción del principio de contradicción” (véase Humboldt y Novalis), todas las fórmulas románticas de la belleza como unidad mística (indistinta, suprarracional) de los opuestos, sólo captable, desde luego, por medio del “sentimiento” o de la “imaginación”, etc. (...) Sobre este vivísimo sentido clásico del límite, de la forma y, por tanto, de la “precisión” o claridad (intelectual) del fantasma artístico se funda (y no podía ser de otra manera) la poética del realismo goethiano. Poética bien conocida por su formulación de la poesía como “poesía ocasional” (1830), es decir, ocasionada por la realidad, y como “realidad idealizada” (1808), etcétera, pero menos conocida por la instancia (implícita) de que “toda poesía debe ser, aunque inadvertidamente, instructiva”, “debe llamar la atención del hombre hacia aquello que vale la pena saber”, porque “el hombre puede sacar de ella una enseñanza [die Lehre] lo mismo que de la vida”; mientras que, por otra parte, “la poesía didáctica o académica [schulmeisterliche] ha sido y sigue siendo algo intermedio entre poesía y retórica”(1827). En otros términos: una poética del objeto, de la objetividad, polémicamente contrapuesta a la poética romántica del sujeto, de la subjetividad infinita (la “ironía”, etc.). “La subjetividad –dice Goethe- es la enfermedad general de nuestro tiempo”(1826-1830).[4]

 

¿Qué tiene esto que ver con Hermes? Bien, Hermes, el Hermes mitológico, es para Coprovich el poeta, cuya función epistemológica es intentar llevar a los humanos-lectores al monte del Olimpo (o a tierras de no-mundo, pues como decía Ángel Crespo, el Olimpo está en todos los montes), del terreno de nuestra realidad contingente y opresora a las lindes libertarias de la Poesía. Así de sencillo. El poeta-Hermes es el conductor, no es la poesía ni tampoco el creador (porque hemos dicho que la creación se hace en la recepción, en la cabeza del lector); el poeta planta la semilla. Entre otras consecuencias de esta concepción poética encontramos una a la que a menudo nos referiremos: para un mismo poema (físico) hay tantas poesías (ideales) como lectores. Tal vez a esto, y a nada más, se refería Láutreamont cuando escribió:

 

La poesía está hecha por todos, no por uno.

 


[1] Todas las cosas son dirigidas por el bien hacia el bien. Feliz en el presente, no estimes los bienes, ni desees dignidades, huye de los excesos, huye de los negocios, feliz en el presente.

[2]  Robert Fludd (1535 – 1637) praticaba la sanación a distancia mediante un sistema descrito anteriormente por Paracelso y que Fludd denomina en sus tratados el ungüento de simpatía. Este método era usado por varios médicos rosacruces de la época, especialmente Jan Baptist van Helmont y Kenelm Digby. 

[3] W. O. Quine, « Las raíces de la referencia », Revista de Occidente, Madrid, 1977.

[4] G. della Volpe, Historia del gusto, Visor Dis. – Ed. Antonio Machado, Madrid, 1987, pp. 77-78.

el mito y la ilusión de la alquimia

el mito y la ilusión de la alquimia

Un breve texto, la Tabula smaragdina, tuvo importancia incalculable en la historia del pensamiento científico y filosófico occidental (1). La alquimia es, acaso, de las ciencias "mágicas", aquella sobre la que más intensamente se acumulan las sombras y sobre la que más difícil resulta encontrar explicaciones satisfactorias. El elixir y la "piedra filosofal" representaron el fin último de infinitas generaciones de investigadores, sabios e ilusos, y ello más allá de las fronteras del Medievo. Todavía hoy, entre los ocultistas siguen insistiendo los epígonos de Nicolás Flamel o de Calandrino, mientras un libro inquieto e inquietante de Elémire Zolla parece señalar un camino y Jacques Bergier recuerda que las pesquisas de los científicos modernos han "revalorado" muchas antiguas "ilusiones".

Una de éstas tal vez sea el "elixir" o la "fuente" de la eterna juventud, tema muy relacionado con la alquimia muy estrechamente (la trasmutación, la resurrección, el comienzo de un nuevo ciclo). Lo encontramos en nuestros textos y más aún en la iconografía: basta pensar en un ejemplo célebre, los frescos del castillo de la Manta. Para este tema, a nivel folklórico, cf. G. Cocchiara, "La Fontana della Vita", Echi del simbolismo acquatico nella novellistica popolare, en idem, Il paese di Cuccagna, Turín, 1956, pp. 126-158.

tabla

1. Lo verdadero sin mentira es cierto y muy cierto. Lo que está abajo es como si estuviera arriba y lo que está arriba es como si estuviera abajo, (2) para cumplir los milagros de una sola cosa.

2. Así como todas las cosas fueron creadas de una cosa sola, por la meditación de uno solo, todas las cosas nacieron de esta cosa única por adaptación.

3. Su padre es el sol y su madre es la luna. El viento lo llevó en su propio vientre y su señorío es la tierra.

4. Es el padre de toda la armonía del mundo.

5. Es completa su virtud cuando se convierte en tierra.

6. Separarás con esmero y habilidad la tierra del fuego, lo sutil de lo denso.

7. Sube de la tierra al cielo, vuelve a bajar a la tierra y adquiere la fuerza de lo superior y lo inferior. Así poseerás la gloria del mundo entero; toda oscuridad se alejará de ti.

8. Ésta es la virtud fuente de toda virtud porque domina toda cosa sutil y prevalece sobre todo lo sólido.

9. El microcosmos se crea de este modo a imagen del macrocosmos.

10. Por esta razón y de este modo se obtienen resultados maravillosos.

11. Y porque poseo las tres partes de la sabiduría del mundo fui llamado Hermes tres veces grande. (3)

12. Lo que he dicho de la operación del sol ha terminado. (4)

alquimia

En la cima de esta montaña hay una fuente, que tiene el olor y el sabor de todas las clases de especias, y cada hora cambia de olor y sabor, y quienquiera que beba tres veces en ayunas, queda curado de cualquier enfermedad que sufra, y los habitantes de los alrededores, que beben en ella con frecuencia, jamás han padecido enfermedad alguna, y siempre, mientras ha durado su vida, han tenido juvenil aspecto. Yo bebí tres o cuatro veces y todavía me parece sentirme mejor; y dicen que esta fuente viene del paraíso, tanta es su virtud. Algunos la llaman la fuente de la juventud, porque los que acostumbran beber en ella siempre parecen jóvenes. (5)

 

(1) Y para los poetas. Recordemos, por supuesto, su impronta en J. E. Cirlot.

(2) Francisco Pino ha usado también las palabras "la luna está arriba, / debajo" como motivo repetido, casi como conjuro mágico, en sus Antisalmos.

(3) Hermes Trimegisto. Ver hilo hermético. hermes

(4) Tabla de Esmeralda, cit. en T. Burckhardt, L’alchimia, trad. it., Turín, 1961 pp. 168-169. (Hay traducción castellana de este libro y diferentes eds. de la Tabula smaragdina.)

(5) I viaggi di Giovanni da Mandavilla, en toscano antiguo, a c. de F. Zambrini, Bolonia, 1968, II, pp. 37-38. (De El libro de las maravillas de Juan de Mandavilla hay trad. cast. del s. XVI, reed. modernamente, a c. de J. E. Martínez Ferrando, Madrid, 1958).

fórmulas mágicas

fórmulas mágicas

En el panorama mágico-brujesco, es fundamental la "magia de la palabra",tanto de la enunciada como la de la escrita (filacterias). Avicena y Roger Bacon dedicaron a la palabra altísimos elogios, mientras que el poder de las invocaciones abracadabra, sator-rotas, agios agios agios, recorre toda la historiade la magia con frecuentes asimilaciones, a veces con intenciones burlescas.

Todos los milagros realizados desde la Creación han ocurrido por mediación de la palabra. Ella es la característica fundamental del alma racional, el que de ésta se place por encima de todo. Y grande virtud tienen las palabras cuando se profieren con profunda meditación, gran voluntad, justo entendimiento, fe firme. (1)

Contra la disentería. Esta carta la llevó un ángel a Roma cuando la ciudad estaba asolada por una epidemia de disentería. Escribe en un pergamino lo bastante largo para rodear una cabeza las siguientes palabras, y cuélgalo del cuello del enfermo, que en seguida se sentirá mejor:

Ranmigan. adonai. eltheos. mur. Oh inefable. Omiginam. midanmian. misane. dimas. mode. mida. mamagarten. Orta min. sigmone. beronice. irritas. venas quasi dulath. fervor. fruxantis. sanguini, siccatur. fla. francta. frigula. mirgui. etsihdon. segulta. frautantur. in arno. midonnis. adar vetho. sydone multo. saeculo. pp ppp sother sother.

Miserere mei deus deus mini deus mi, ΩNY. Aleluya. Aleluya. (2)

El que, hombre o animal, haya sido mordido por un perro rabioso, puede salvarse de la siguiente manera, como otras veces se ha probado: escríbanse las palabras más abajo reproducidas en un pedazo de pan o en un pan entero y acto seguido dése el pan a comer al que ha sufrido el mordisco:

SATOR                          OPERA

AREPO                          ROTAS

TENET (3)

Este famosísmo sortilegio en latín sator-rotas, que encabeza estas líneas, y cuya traducción es aún muy discutida (a pocos convence "El sembrador Arepo sostiene las ruedas con esfuerzo") fue encontrado en las ruinas de Pompeya, y en otros lugares, y desde entonces ha sido citado en foros religiosos y esotéricos, como meramente literarios. Porque el sator-rotas es el palíndromo más perfecto que se conoce: no sólo se puede leer del derecho al revés, sino que en cuadrado mágico, como suele aparecer, también se lee de arriba a abajo. Además, al hermetismo simbólico de su traducción hay que añadir la posición simbólica de cada letra en el cuadrado, cuya cruz la forma precisamente el verbo, tenet, y que da pie a múltiples interpretaciones (4), junto a otras tantas variantes intencionadas: sator pater

Todo ello ha hecho siempre las delicias de los cultivadores de la poesía como juego o "forma difícil" (donde habría que citar a Coprovich), y de los poetas que postulan el alcance mágico de la palabra (donde habría que citar a Coprovich nuevamente).

 

(1) Roger Bacon, Opus tertium, Ed. Brewer, Londres, 1859, pp. 95-96.

(2) Encantamiento terapéutico del siglo XI, en G. Storms, Anglo-saxon Magic, La Haya, 1948, pp.274-275.

(3) Protocolo notarial de Rubino di Giacomo di Niccoló, cit. en Il notariato a Perugia, a c. de R. Abbondaza, Roma, 1973, pp. 314-315.

(4) Muchas interpretaciones son expuestas en el libro Poesía e imagen: formas difíciles de ingenio literario de Rafael de Cózar, que fue siempre para Coprovich uno de sus libros de cabecera ("una de las patas de mi cama", solía decir). Por mi parte, no tengo elogios suficientes para Rafael de Cózar, no sólo por su titánico trabajo de rescate y reconocimiento de las formas otras de escritura, no sólo cultivándolas, sino estudiándolas y ofreciéndolas. Tan generoso es su esfuerzo, que hasta ha colgado en la web la totalidad de este trabajo, y que puedes leer aquí. Como también es poeta, y además será seguramente citado en próximos capítulos de este estudio, vamos a ponerle cara ahora mismo, como homenaje:

cózar